Una historia de Freud y las mujeres

17 07 2008
freudHace mucho tiempo atrás, algo así como un siglo medio, existió un hombre que hizo temblar al gobierno de ese entonces. Fue precisamente en Viena, donde este hombre llegó a la Corte con ideas vergonzosas y amenazantes para el control absoluto que regía el Imperio en ése momento. Pero como decía José Ingenieros, todos los enemigos de la diferenciación vienen a serlo del progreso; es natural, por ende, que se considere la originalidad como un defecto imperdonable. 
No sólo la clase gobernante escuchaba con indiferencia las “alocadas” ideas de este señor, también la sociedad en su mayoría lo aborrecía, puesto que la función capital del hombre mediocre en sí, es la paciencia imitativa, esa aspiración a confundirse en los que le rodean, entre las masas mediocres que se concentran a imitar lo que otros descubren. Allí también existió este individuo que poseía un valor de alto contraste,  un espíritu original y de rebeldía, mediante su imaginación inventó y no imitó, sí cuestionó la forma de pensar de aquella época.
Proponía entonces examinar y analizar los propios sentimientos mediante el análisis de los sueños y la libre asociación de palabras, sentimientos que los seres humanos reprimen en el inconsciente por ser éstos demasiado peligrosos.
Éste hombre, aborrecido por las masas y el poder político, éste desecho social, llamado Sigmud Freud, desarrolló un método conocido como Psicoanálisis, y descubrió que existe una barrera en la mente que previene que emerjan impulsos indeseables en la vida consciente.
En 1914, cuando comenzó la Primera guerra mundial, Freud vió como se corroboraban sus descubrimientos: “Lo más triste es que ésta es la forma de actuar que se podía esperar de las personas, de acuerdo a los descubrimientos del psicoanálisis”.
Los gobiernos habían desatado estas fuerzas primitivas de las personas y nadie sabía como pararlas.
Como parte de los preparativos de guerra, el presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson, creó un comité de información pública y es aquí donde aparece otro hombre, que se valió de esas tan “alocadas” ideas modernas y rebeldes sobre el ser humano,  para difundir las disfrazadas  intenciones del gobierno norteamericano a toda Europa mediante la manipulación de masas y mostró a las corporaciones por primera vez, cómo hacer que la gente quiera cosas que no necesita, vinculando bienes con deseos inconscientes, de lo que surgió una nueva política para controlar las masas satisfaciendo impulsos egoístas intrínsecos al hombre, éste hombre se llamó Edward Bernays, sobrino de Freud,  fue empleado para promover la guerra en la prensa, “Un mundo más justo” era el slogan que acompañaba a Wilson el “libertador de las personas” como se hizo llamar. Convertido en un héroe de la sociedad, aseguró la libertad del individuo a comienzos de lo que fue la “gran guerra”.
Por otra parte, Bernays observó la multitud que rodeaba al mandatario y se preguntó si se podría hacer lo mismo en tiempos de paz con el mismo tipo de persuasión masiva, a lo que formuló un concepto de atender a las cosas que juegan un rol en las emociones irracionales del ser.  Edward Bernays
En aquella época existía un tabú de ver fumar a las mujeres en público, uno de los primeros clientes de Bernays, George Hill presidente de la corporación norteamericana de tabaco, le encargó a Bernays que encontrara la manera de romperlo, él dijo: “estamos perdiendo la mitad de nuestro mercado por éste tabú impuesto por los hombres de ver fumar a las mujeres en público. Edgard Bernays entonces consultó al psicoanálisis respecto a lo que significaban los cigarrillos para las damas. Los cigarrillos eran un símbolo del pene y del poder sexual del hombre, pensó entonces que conectando la idea de fumar con el desafió al poder del caballero las mujeres fumarían, porque entonces ellas tendrían su propio “pene” (su propio poder). Motivado por esto, Eddie persuadió a un grupo de debutantes ricas a esconder cigarrillos dentro de sus ropas y a su señal, debían prenderlos ostentosamente en medio de un desfile popular.
Bernays rápidamente corrió el rumor de que un grupo de “chicas bien” iban a hacer lo que ellas llamaron “antorchas de libertad”. Él sabía que todos los fotógrafos estarían ahí para capturar ese momento. En aquella frase racional con términos vinculados a la emoción, Bernays logra que todos los periódicos de New York figurara éste fenómeno social, y a partir de ese día las ventas de cigarrillos a mujeres comenzó a subir. Él generó que sea socialmente aceptable para las mujeres fumar en público, ya que las hacía sentir mas poderosas e independientes.




Si esto no es una dictadura…

17 07 2008

 

 

La democracia es un sistema político que debe fundarse en los derechos humanos fundamentales, los cuales se asumen, no se discuten. Así como la geometría se basa en principios no demostrables, así la democracia se funda en principios no votables, sino que anteceden a la propia democracia.

La democracia debe existir para esos derechos y deberes fundamentales de la persona humana. Estos derechos y deberes constituyen las distintas facetas de la dignidad humana, de su ser-persona. Si un sistema democrático no tiene a la persona, con sus derechos y deberes, como su sujeto y fin, dejó de ser democracia para convertirse en un totalitarismo camuflado, en una especie de fantoche “democrático” donde los poderosos son los que tienen voz y voto.

Así como en EEUU se llegó al punto en que los doctores y las compañías de seguro médico son las verdaderas responsables de la muerte de los pacientes, ya que hay cincuenta millones de personas sin cobertura médica, y que caen en enfermedades mortales por no ser tratados anteriormente. Y la pregunta es…quién eligió por todos ellos, quién votó por todos ellos, y por supuesto, siempre hay responsables, en éste caso pudo ser perfectamente demostrable:

17 de febrero de 1971  17:23 hs

John Ehrlichman (uno de los hombres del presidente Nixon, que purgó 18 meses en prisión por su participación en el escándalo Watergate) -Hemos limitado los problemas del vicepresidente en este asunto de si debemos incluir a éstas organizaciones de mantenimiento de la salud… Nixon

Nixon: – Ahora déjame preguntarte… ¿tu sabes que no se mucho de éstos malditos programas de salud verdad?

Ehrlichman: – Esta es una empresa privada…

Nixon: – Bien, eso me gusta

Ehrlichman: Edgar Kaiser (la mayor organización de mantenimiento de salud de los Estados Unidos) está usando su negocio para un  permanente beneficio propio. Me entrevisté con él y me dijo sobre esto, y me pareció algo triste porque todas sus iniciativas van hacia dar menos médicos a los afiliados,  porque a menos cuidado, la organización gana mas dinero.

Nixon: Está bien

Ehrlichman: – Y los incentivos van de la mejor manera…

Nixon: Nada mal

Luego de la vergonzosa charla en la que se decidía por la salud futura de toda una nación, el 18 de febrero de 1971:

Nixon: -Estoy proponiendo hoy, una nueva estrategia nacional de salud. El propósito de éste programa es simplemente esto: Quiero que EEUU tenga el mejor sistema de salud del mundo. Y quiero que cada estadounidense pueda recibir ese cuidado cuando lo necesite.

 

Todo esto se  trata de un cobarde egoísmo y de una superficialidad espantosa porque si la clase trabajadora está enferma o agonizantes, se vuelven desamparados y he ahí el dilema del voto,  un candidato que de verdad represente los intereses del pueblo sería una verdadera revolución democrática, y por supuesto algunos no quieren que eso suceda, por ello mantienen a la gente pesimista e ignorante. Hay dos maneras de que la gente pueda ser controlada, una sería  atemorizar a las personas y la otra, desmoralizarlos. Una nación sana, educada y con confianza es más difícil de gobernar y es lo que piensan la mayoría de las personas que están en los distintos sectores del poder.

El 1% de la población mundial tiene el 80% de la riqueza total, la gente tolera esto, pero al ser pobres y al estar desmoralizados y asustados, piensan que lo mejor que pueden hacer es seguir órdenes y esperar algo mejor, como sucede aquí, en Argentina. En nuestro país la corrupción política es moneda corriente, desde siempre, se suele ver un sinfín de mujeres y hombres elegantemente vestidos con miradas frías y sonrisas soberbias que de alguna forma hacen saber que seremos estafados y pisoteados, porque no  sólo van detrás del dinero que dignamente ganemos, sino también nuestros derechos como ciudadanos, el respeto que nos merecemos por ser mayoría y por permitir que estén donde les gusta estar y de donde nunca se quieren ir. Lo bueno es que lo sabemos, lo malo es que no hacemos nada al respecto, el cambio da miedo, da inseguridad, y por ello, simplemente se sigue en lo mismo. Por eso, una de las cosas que mantiene todo en orden es que los gobiernos tengan miedo a la gente, a la reacción frente al enojo, a tener al pueblo en contra, a la mayoría en descontento, pero acá, en Argentina, la gente es la que tiene miedo al gobierno, de que todo empeore, de que el pueblo se perjudique aún mas, miedo de perder lo poco que puede ser aún menos. Pero creo que ya perdimos todo, y todos perdimos todo. Perdimos las ilusiones de crecer todos juntos, de ver como nuestro país salía de la pobreza injusta y desmerecida y nos ubicábamos junto a los países ricos como el nuestro. Esto hoy suena muy absurdo, ya ni sabemos que tierras son argentinas y cuales son extranjeras, no sabemos porqué pagamos tantos impuestos y a donde termina todo ese caudal de fondos, si sabemos que es para pocos y justamente son los que obligan a que lo hagamos. No hace falta recorrer los fraudes de cada uno de nuestros presidentes que no fueron presidentes sino representantes, porque nunca actuaron como tales… porque no es necesario, se recuerdan día tras día, cuando aparecen en los medios, cuando son absueltos de la justicia, cuando se vuelven a postular aún no pudiendo hacerlo….se recuerdan, por eso,  para no volver atrás, podemos seguir con el hoy, con nuestro actual gobierno, con la presidenta de los argentinos o bien, una representante mas que olvida las necesidades del pueblo, las tantas que tiene, y se presenta como una especie de monarquía absolutista que impone ante todos y a todos, sus antojos y desquiciados proyectos deshumanos con fuerte rebeldía y deshonesta vocación de mandataria.