2º parte: Argentina a 25 años de democracia reestablecida

                                 Algo está muriendo pero no muere…

                                 Algo está naciendo pero tampoco llega a nacer:

 

Era un 5 de Octubre de 1982 cuando la Plaza de Mayo se vió colmada de 100.000 personas que pedían por la democracia y la reconstrucción del pueblo argentino.

Luego le siguió la “marcha por la vida” donde se reclamó por los desaparecidos, y por último el total fracaso de la guerra de Malvinas, todos componentes del ocaso del régimen militar del Gral. Videla y la reestabilización del sistema democrático.

Al año siguiente, el 30 de octubre de 1983, llegó el primer presidente civil después de una cruenta y dramática experiencia. Raúl Alfonsín proclamaba “con la democracia se come, se educa y se cura”. Lejos de ser así, tuvo que renunciar ante las presiones externas a partir de su famosa “economía de guerra” que desató la hiperinflación, el golpe de mercado y el caos. En el año 1989, la alternancia bipartidista llevó al pueblo a mirar para el lado del peronismo que, en medio de los saqueos y el hambre, con una figura de discurso populista proponía salariazo y revolución productiva. El nuevo presidente, Carlos Menem, formó alianza con los sectores agroexportadoras y entregó el Ministerio de Economía al grupo inglés Bunge & Born, lanzando un proceso de desregulación en casi todos los sectores de actividad y así el liberalismo económico mas crudo ganó la escena.

El ministro de economía, Domingo Cavallo, impulsó junto a la hiperinflación de 1990 la convertibilidad con un tipo de cambio fijo e irreal que produjo la sobrevaluación de la moneda y una seria pérdida de competitividad frente al mundo. Así se completó la transformación estructural iniciada en 1976: La producción se primarizó, concentró y extranjerizó, la distribución del ingreso se tornó mas agresiva, la desocupación se expandió, el empleo se precarizó y las condiciones de vida se degradaron. Los bancos y acreedores se llevaron el capital al exterior y se remataron empresas públicas para pagar una deuda extrena contraída para sostener un dólar barato. Una grosería tan dolorosa como una ley de educación que transfirió a las provincias las escuelas pero sin recursos así como la salud pública que se privatizó; el Estado así abdicó el ejercicio de atribuciones indelegables, de responsabilidad constitucionales de promoción de desarrollo, el bienestar y la integración del conjunto nacional. De esta forma, la privatización de las políticas tuvo como efecto su sectorialización y la correlativa pérdida de un enfoque político integral que sólo una política estatal, democráticamente elaborada, puede aportar. Gran parte de la morbilidad infantil de los grupos sociales mas vulnerables debe mucho a la privatización de la política del agua y saneamiento que quedaron a merced de los criterios de rentabilidad empresarial privada. Se formó una brecha social cada vez mas desigual con gran cantidad de  pobres cada vez mas pobres, y ricos que se hicieron mucho mas ricos. La extranjerización de la economía (el 80%) fue irreversible y la deuda creció

de tal manera (284%) que se esperaba un cambio con la llegada en 1999 de la Alianza de la mano de Fernando de la Rúa.                       

Presidente escapándose ante el caos en helicóptero

Presidente escapándose ante el caos en helicóptero

 

 

Cavallo creó un corralito y capturó alrededor de 40 mil millones de dólares, ahorro de los argentinos, ahorros que los bancos desvalijaron. Todo terminó en default, ocho millones de pobres, 4 millones de indigentes y cinco presidentes en una semana. En medio de muertes y protestas, el 19 de diciembre de 2001 nuestra democracia se hacía añicos y empobrecía la vida de nuestra gente.

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